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¿Auto publicación o editorial?

Cuando tienes un manuscrito acabado es la primera cuestión que te viene a la cabeza. En mi caso no hubo lugar a dudas, en mi juventud me movía mucho por los entornos del Do It Yourself (hazlo tu mismo), tocaba en una banda musical que actuaba al margen de la industria del sector. Componíamos, organizábamos nuestros propios conciertos, financiábamos las grabaciones de nuestros discos… éramos protagonistas de cada paso que dábamos. Y con el asunto de la escritura no iba a ser menos.

La facilidad para decidirlo vino dada también por la falta de intención de «vivir de ello», empecé a escribir hace años con la única intención de exteriorizar mi punto de vista sobre lo que sucedía en mi día a día, más tarde decidí mover esos artículos en medios de difusión que fuesen afines a lo que exponía, en los que hubiese un respeto mutuo por nuestro ideario y en los medios que disponíamos para hacerlos llegar a la gente. Y finalmente, una vez que tenía una buen número de artículos, decidí recopilar aquellos que me suscitaban mayor valor personal, interés y calidad para el lector. Y así nació Abrazando la Nada.

La primera dificultad a la que me enfrentaba al auto publicar un libro era la de enfrentarme a un campo de batalla desconocido para mi, donde veía una cantidad ingente de escritores amateurs que aportaban su experiencia en plataformas digitales (yo tenía claro que quería publicar en formato «libro de papel»), que en su mayoría eran propiedad de Amazon o similares. Es decir, no me valían como referencias. La siguiente dificultad era que si pretendía coger alguna imagen para la cubierta del libro me enfrentaba a imágenes bajo derechos de autor, y no tenía ningún interés en pagar derechos a terceros ni apropiarme del trabajo de forma ilegal. La tercera era saber qué pasaba si no quería fichar por una editorial, qué otra alternativa tenía para sacar a la luz mi libro; tenía claro lo de la auto publicación, pero no sabía muy bien qué pasos conlleva tomar ésta alternativa.

Para mis primeros pasos eché mano de un libro que tenía por casa Manual de autopublicación editado por Autorquía, me encanta su lema: El país donde gobiernan los autores. Una declaración en toda regla de confrontación en un campo de batalla copado por editoriales con intereses económicos y autores asentados que ostentan el monopolio de la publicación. A través de sus páginas fui tomando mi primer contacto con lo que debía hacer e ideas que por mi mismo no hubiesen surgido, y que desde un enfoque personal haciendo criba podían dar sus frutos (una de ellas fue la de hacer este blog literario). Me ayudó mucho a la hora de dar forma al manuscrito; determinar márgenes y sangrías, justificar el texto, las dimensiones para imprimir, trucos para pelearme con las líneas que quedaban sueltas en una página… Hasta que un buen día se me encendió la bombilla y me acordé de un buen amigo que tenía un proyecto relacionado con las artes gráficas; Kreiva. Ha sido un placer, un lujo, una alegría tremenda volver a trabajar codo con codo, con quien trabajé ya en el pasado en la defensa de los derechos de los trabajadores, volviéndonos a ver en un ámbito totalmente diferente, pero dedicado también a la difusión del ideario libertario. Su faceta en la auto publicación se basa en el acompañamiento editorial, éste se basa en el asesoramiento desde el respeto al criterio del autor haciéndole partícipe de cada paso y cada decisión. Él ha puesto todo su buen hacer y saber en la maquetación y diseño gráfico de la cubierta. Son pasos en lo que el autor tiene que delegar si quiere que su manuscrito tenga una formato serio y profesional, ofreciendo una versión respetuosa al lector que va a comprar el libro. También me ofreció su contacto con la imprenta, lo que he agradecido enormemente, ya que no sabía si apostar por la impresión bajo demanda (asumiendo un mayor coste) o apostar por un lote reducido de ejemplares en equilibrio con un coste por unidad que diese margen a su venta en librerías (asociativas en mi elección o implicadas con lo que vendían). De mi parte corrió el aprender a gestionar todos los trámites legales (ISBN y depósito legal), cosa que me agrada por seguir con la filosofía DIY, aprender y hacerlo uno mismo.

Para resolver todo lo relacionado con material gráfico y fotográfico he tenido la fortuna de contar a mi lado con Luis Rabanal, le conozco desde hace poco y fue como me gusta conocer a las personas, en las malas; en esas situaciones que nos empuja la vida y que no elegimos de forma voluntaria. En este caso fue en la lucha por mejorar nuestras condiciones de vida, en la organización entre igual, en el compañerismo que da el compartir la misma clase social. Cuando vi su portafolio quedé sorprendido por la sección Eîdon, e igualmente sorprendido por el mensaje que transmite en su fotografía (he hecho mío su mensaje del simbolismo del negro y el blanco y su distancia con la realidad). Para conocerle un poco más os dejo el siguiente link.

Las editoriales reciben cada día ingentes cantidades de manuscritos por parte de autores que en su mayoría nunca recibirán contestación. Las editoriales buscan una rentabilidad económica, esa rentabilidad no quiere decir que el manuscrito que no la genera sea debido a una mala calidad literaria o una presentación mediocre, simplemente es que no responde a unos parámetros mercantiles y punto. Bien por temática, bien por su enfoque o bien por no responder a la demandas del lector actual. Otra ventaja de la auto publicación es que tu obra seguirá viva en la medida que tu quieras, no se descatalogará si el autor no quiere, y siempre podrá recurrir a la impresión bajo demanda para no arriesgar un capital en un stock el cual, no solo tiene que dar salida, sino que también tendrá que almacenar. Las editoriales suelen dar un resumen de ventas anual difícilmente contrastable, mientras que en la auto publicación el autor es más consciente de las ventas de su libro, siendo también mayores los beneficios al haber menos intermediaros. La gran ventaja de la editorial es contar con el sello de esta y su infraestructura; muchas librerías se prestan más abiertas a los canales de ventas que provienen de una editorial o presentan trabas a la hora de la facturación sino es abalada por una marca.

Lo importante es elegir una opción asumiendo las consecuencias que acarrea dicha decisión, disfrutar del proceso editorial y dar rienda a través de la escritura. No hundirse por grandes pretensiones o tener proyecciones idealizadas que una vez no cumplidas, nos desanimen a seguir escribiendo y creando. Hay que hacer las cosas porque a uno le apetece y motiva, porque lo necesita y por aportar algo nuevo al mundo, sin la pretensión ni el ego de ostentar un estatus por tener un libro o querer vivir de sus rentas. Salirse de la lógica de la productividad para adentrarse en la de disfrutar de hacer algo que sale de nosotros.

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