Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

El Dios antropomórfico.

Parque El Retiro, Madrid.

Demonio tiene su origen en el griego Daimon que significa “cocimiento, inteligencia”. Lucifer proviene del latín Lucem ferre que significa “portador de luz, claridad”. Satanás proviene del hebreo ha-shatán que significa “cuestionador, opositor”.

Para el ser humano hay pocas cosas más angustiosas que la incertidumbre. Una de las incertidumbres que más quebraderos de cabezas nos han dado es la certeza de nuestra finitud. Entender que nuestro saber tiene un límite, y ese límite es nuestra propia existencia, nuestra propia finitud. Queremos saber ¿Qué hay más allá de nosotros mismos? pero ¿hay un más allá?. Para contestar a esta cuestión interpelamos a un protagonista que media entre nuestras limitaciones y nuestras dudas, Dios. Conceptuamos a través de la imagen de Dios (con el nombre que le queramos poner) la existencia del más allá pero con los conceptos del más acá, es decir, con lo que ya conocemos. Es por eso que el ser humano a creado un Dios a su imagen y semejanza, todopoderoso capaz de dar respuesta, mediante metáforas metafísicas, a todas nuestras dudas. En esa idealización proyectamos nuestras carencias, las cuales serán resueltas y concebidas como premio a nuestra obediencia a los preceptos religiosos en vida. Como si pagásemos una hipoteca post morten a plazos desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte.

La creencia mística tiene el perdón de ser un racionamiento infantil y poco desarrollado, que concibe que las cosas vienen dadas sin entender el proceso que ha tenido de por medio, La religión se fundamenta de las respuestas para las que más tarde busca las preguntas que la afirmen. Es una concepción tan inocente como quien creen en elfos o fantasmas. Es propio de quien ha recibido una educación basada en el método religioso de la recompensa y el castigo; si eres dócil y obediente, serás recompensado con una vida eterna en felicidad, sino tu pena será el castigo eterno. De Dios no puedo decir nada, más que desarmar a quienes se apropian de su nombre para hacer su propio interés verdad cerrada y absoluta. Son los mismos que hacen de la vida terrenal un sistema meritocrático y contractual.

«Si la verdad no aburriese, hace tiempo que la ciencia habría sacado a Dios de circulación»

Emil Cioran.

Durante el s. XIX y s. XX en el proyecto utópico de la Ilustración, cuando se certifica la muerte de Dios, se dio paso a un nuevo dispositivo ordenatorio; la razón. Pero la utopía se va convirtiendo en una distopía según avanza el tiempo y salen a la luz sus propias contradicciones. Lo que iba a desembocar en un uso de la tecnología al servicio de la emancipación del ser humano, acabó como una hiper mercantilización de la vida; violenta, con extrema diferencia de clases sociales, alienación colectiva y tecnología al servicio de la autodestrucción. La filotecnología dejó de ser un parámetro universal de lo correcto, dando paso a la posmodernidad.

La posmodernidad viene a validar todo texto ordenatorio como dispositivo social, político y moral. O lo que es lo mismo, a negar que haya texto que ostente el valor absoluto y cerrado. Surge así una esquizofrenia al pensar que todo vale o saber que entonces nada vale. ¿Es por este motivo que buena parte de la sociedad vuelva a abrazar las interpretaciones metafísicas y místicas?

Lo que está claro es la función anestésica de la creencia en Dios, que niega y facilita todo cuestionamiento e incertidumbre en vida. Todo lo que nos sucede responde a un designio divino, y mientras yo cumpla los preceptos religiosos sin cuestionarlos y dócilmente, tendré alguna oportunidad de remuneración positiva el día de mi muerte, en el caso de que exista un más allá. Y sino dará igual, porque estaré muerto y no me enteraré.

«el hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza»

Friedrich Nietzsche.

¿De qué se ha liberado el iluminado? ¿es la certeza de la finitud de la vida basada en una relación de placer y dolor? De alguna manera la Nada que me constituye a vivir lo hace también a no vivir, unas desgracias se equilibran con otras por lo que poseemos los mismos argumentos para nuestra vida como para dejar de existir. Nuestra actividad más honesta por ende, es la de acometer contra toda falacia, convertirnos en destructores encarnizándose contra lo que nos pueda esclavizar y cegar, asumir que la Nada (el nihil) es no estar apegados a nada.

La principal diferencia entre Nietzsche y Cioran es que el primero enterró la moral judeo cristiana al certificar la muerte de Dios, lo que le dio un fuerte impulso vitalista al visionar un futuro utópico que no lastraba la moral de su época, fue un nihilista optimista. Mientras que Cioran fue un Nietzsche derrotado por la lucidez de verse impotente en la gesta de condensar un futuro y pasado en el presente, en un eterno retorno, metáfora del deseo a lo que se hace y vive a cada momento. Cioran entendió que en el ser humano hay más de deseo que de voluntad.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: